lunes, 10 de julio de 2017

Siglo XXI nº 24

El espectáculo debe continuar a toda costa, es el fundamento de todo este montaje que llamamos democracia, y que el engendro compuesto por la fusión del Estado y el Capital necesita para gestionar la mansedumbre de las masas. ¡Ay! Cómo nos duele ese 99 % de ciudadanía manso y necio, que se embriaga de monsergas inútiles, de payasos sonrientes y ladinos, amparados en sus máscaras estrafalarias que ocultan su verdadera condición de sátrapas ambiciosos, dispuestos a realizar cualquier vileza con tal de mantener sus privilegios ancestrales.
Los horarios de actuación, en este circo mediocre al que llaman Parlamento, son diversos; hay sesiones matutinas, vespertinas e incluso nocturnas. Sus amables señorías están dispuestas a entretener al público, un público alienado sin proyección transformadora, siempre hambriento de sensaciones fuertes, de disputas barriobajeras, de crímenes pasionales y de exabruptos cómicos. Todo esto y más se escenifica en las diferentes representaciones monotemáticas con que nos regalan los padres de la patria. En unas ocasiones nos toca sesión de investidura, unas veces para subir a un tipo y otras para subir a otro (hasta ahora no ha habido otra en el Parlamento). Se quitan, se ponen, se saludan, se abrazan, se escupen, se sonríen: “Esto no es nada personal. Es solo política”, dicen entre dientes, cuando insultan sin escrúpulos a una oponente. Otras veces se aprueban leyes, con escándalo incluido, pactadas de antemano en los pasillos y oscuros despachos, auspiciadas por las grandes familias económicas (empresas del IBEX 35). [...]

Sumario:

No hay comentarios:

Publicar un comentario